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Al hilo de los dibujos

Imposible mirar la obra de Castellón sin que su misterio le alcance a uno. Imposible detenerse ante sus grabados o sus pinturas, sin un estremecimiento. Basta un instante, para que ese misterio, quizá apenas entrevisto, traspase impunemente la retina y se fije como un calco preciso en algún recoveco de la memoria. Sucede sin más. La iconografía, a primera vista extraña, la representación pictórica tan propia del autor, pertenece, a la vez, al espectador que la contempla. Y es al insistir en la mirada, o al reencontrar la obra, al cabo del tiempo, cuando la paradoja estalla y se tiene la certeza de que el carácter de esas imágenes, late ya, dentro de uno, y seguirá latiendo cuando aparte la vista: porque lo que el autor alumbra, al penetrar en la oscuridad, es una manera de percibir el mundo, dentro y fuera del tiempo concreto. En la penumbra clara de las cosas.

Mirando los dibujos y apuntes de los cuatro cuadernos que viajaron con él entre 1943 y los primeros sesenta, pasando de uno a otro al azar, como si hojeáramos con la ávida apetencia de la primera vez, las páginas recién aparecidas, la sensación ante la obra es ahora de otra índole. Más directa y versátil, menos misteriosa. Estamos, sobre todo, ante la excelencia del dibujo -el trazo ágil, la composición equilibrada, los detalles minuciosos, el delicado uso del color, oscuro aún en sus tonos pastel- y nos atrae tanto reconocer escenas y personajes plasmados en sus grabados o ilustraciones, como acercarnos a los desconocidos. Mujeres que nos miran con sus ojos de agua, otras de nalgas gruesas, de pechos como naranjas, bañistas, diosas o prostitutas en la sala de un burdel. Retratos temblorosos, coloreados, capaces de inspirar una historia, como los realizados en villa Bloundel. El cuerpo. El contraste del cuerpo, desnudo y vestido, joven y viejo. Geometrías muy cuidadas, Figuras dignas. Figuras grotescas. Escenas callejeras. Desnudos clásicos, o dibujos inspirados en el refinado silencio de las estampas chinas. Mitología. Ángeles. Sueños. Soledad. Deseo. Un Castellón libre de adscripciones que dibuja como respira, necesariamente, lo que ve, con tanto como ha visto; Pura vida, puro placer.

Son 220 dibujos. A veces sólo un punteo, un boceto, unos trazos certeros, otras un dibujo meticulosamente acabado, pero siempre el sabio movimiento de la mano que alcanza la emoción, la idea, la escena que inspira al pintor allá donde esté; China, India, Italia, París…Mirar los dibujos de sus cuadernos, deslizarse de uno a otro, lentamente, como si pasáramos las páginas con nuestras propias manos, es apreciar el don del artista que piensa dibujando, acercarse a los momentos en los que el hombre que sabe lo que busca, plasma una escena sobre la luz blanca que refleja el fondo del papel.

Y llegado a este punto, de repente el espectador detenido ante un solo dibujo, puede dejar que su vista se adentre en la densidad de una sombra, o perderse en una mancha de color aplicada con la yema del dedo… Ahí estuvo el autor, donde permanece viva la huella de su trabajo. Y así, en la pura contemplación del detalle, sin prisa, uno, se mimetiza al cabo de los años, con el viaje creativo, y comprende que un niño, nacido en Alhabia, supiera que el dibujo iba a encauzar su vida desde que, a la edad de siete años, llegara, con su familia emigrada, a Brooklyn.

Él mismo nos lo contó así. “Como un niño extranjero rechazado que quería conseguir cierto grado de aprobación, encontré que este talento insignificante me daba una cierta aprobación, un grado de aceptabilidad y notoriedad, y de repente, me volví muy ambicioso en esto… Quería probar mi valor a todo el mundo. No sé si lo que me movía era el arte en sí mismo. Probablemente lo hizo, porque de otra manera no lo habría desarrollado tanto como lo he hecho. Me indicó la forma de hacerme valer como ser humano”.

Si la manera de hablar se parece a la manera de ser, mas allá de la elocuente literalidad de sus palabras, apreciamos sensibilidad y carácter, la sabia determinación de su voluntad. Una determinación de la que Elisa Castellón, sobrina conocedora de la obra del pintor, afirma, que era propia de la cultura familiar, y que esa misma fuerza llevó a sus abuelos a América en 1921, para alejar a sus hijos mayores de la inminente guerra de África, y de la crisis económica que vivía el valle del Andarax. La misma vitalidad con la que la madre, una mujer amante de la música y los libros, se dirigió a Diego Rivera, al que acompañaba Frida, con los dibujos de Federico en las manos y estas palabras “Dicen que mi hijo tiene talento. Dígamelo usted”.

Sí. El joven y autodidacta Castellón empezaba a ser valorado, y el resultado del encuentro providencial con Rivera, su regreso a España, a Europa, en 1934, becado por el gobierno de la República Española, le brindaban la posibilidad infinita de canalizar ese talento, de dedicarse por entero a sus proyectos. De vuelta a América en 1936, ya se encontraba en plena creación de su vida, como pintor, grabador, ilustrador y docente de verdadera cultura, como el gran viajero del mundo que llegó a ser.

En 1943, el pintor llega a la ciudad china de Kunming, por encargo del Servicio de Actividades Estratégicas de los Estados Unidos, para el que trabajó durante varios años, al igual que su mujer, Hilda Greenfield, destinada en Ceilán, y como tantos otros reconocidos artistas y escritores del siglo XX, situados en lugares estratégicos, antes, durante y tras el fin de la segunda guerra mundial.

De la convulsa China de la época, del horror de la guerra mundial, Castellón no deja constancia explicita en los dibujos de sus cuadernos, a primera vista centrados en captar situaciones de la vida cotidiana, ya sea la de una abuela apacible sentada frente a un nieto que se balancea, o el primer plano de unas vendedoras de pescado a las que se les cuadra la boca al vocear su mercancía.

A veces, como de la escena de los comensales sentados a la mesa del té con comodidad de siglos, realiza varios dibujos preparatorios, añadiendo, eliminando o apuntando un detalle exacto, como el de la decoración de la puerta, que ha de de proliferar en el grabado; Otras, en la escena del arriero por ejemplo, lo que va modificando, además, es el ángulo de visión, y con él desplaza el objeto de su interés, del hombre solo en la geometría de su postura, al hombre situado en la misma línea, y la misma suerte que el animal de tiro, y de ahí a una panorámica en donde adquiere peso la atmósfera de silencio que envuelve el paisaje, la desolación de la mujer del fondo, y los trazos del camino gritando con su lengua inmensa un aullido que hace pensar en la conocida obra de Munch.

Siguiendo el trayecto que va desde el dibujo inicial al grabado y hasta la carpeta China, a la que ambos pertenecen, podemos observar, no solo el oficio del autor, sino el ágil movimiento de conciencia que opera en él, desde el primaveral ambiente de Kunming hasta la grisura y el constreñimiento del grabado concreto, que se multiplica y se estrecha en esa carpeta editada en 1949….año en que finaliza la guerra civil de China con la victoria de Mao Zedong y la guerra mundial con la de los países aliados. Y de pronto, ante la carpeta, esos seres, definitivamente opacos, impenetrables y sobrepasados por la vida misma, por el duro trabajo de cada día, aparecen encerrados en su propio mutismo, en espacios angostos, en su cuerpo prieto. Y el espectador quizá lo asocie con la extrañeza que producen las esculturas de chinos de Juan Muñoz, o con ese ejercito de soldados de terracota enterrados durante siglos. Por la insistencia en la grisura, por el enigma en esos rostros tan reales. Por similitud y por contraste a la vez.

“Pretendo mostrar el sufrimiento en sentido abstracto, así que tengo que conseguirlo a través del simbolismo. Si yo muestro a una mujer con su hijo muerto en brazos eso representa un tipo muy especifico de sufrimiento, y no es en absoluto lo que quiero decir”, confiesa en esa entrevista concedida a Paul Cummings en 1971.

Con estas palabras por equipaje, retomamos el hilo que tienden los dibujos, para detenernos en Oggi, la figura de sayas negras, que forma un volumen, casi un solo cuerpo con su hijo envuelto. Primero un apunte tomado en una calle de Nápoles. Luego un boceto y otro con más detalles precediendo al estudio final que dará paso al grabado. Todo un recorrido para acabar tras un despojamiento de detalles, plasmando a las figuras, solas, en su consistencia negra.

Y fascinados por la soltura de los dibujos, el pensamiento que generan, la filosofía que subyace debajo de cada uno, seguimos abriendo páginas y páginas. Y ante nosotros la respiración contenida de la mujer a punto de enhebrar el hilo en la aguja, la del hombre que duerme, apoyado en su brazo en el vagón de segunda clase a Pompeya… el movimiento de las calles de Italia, el ritmo de los arcos y los marcos de las puertas, la conversación, los adoquines, el tendido eléctrico, la ropa tendida; extendida. El poderoso retrato de las hermanas bengalíes, el de la mujer que recuerda la delicadeza de Leonardo, el rostro velado, el consejo peligroso…Y vuelta a la representación del cuerpo, satisfecho y orondo; o famélico, de brazos caídos y piernas como alambres con los pies descalzos. El Picasso azul, El Bosco atrevido hasta el sustrato donde solo en sueños, la humanidad se asoma, el Goya infinito, en las múltiples capas de las pinturas negras. El cuerpo y sus huesos; a veces el cuerpo muerto mientras los huesos vivos… De pronto la vecindad entre lo espiritual y lo real, de pronto el Greco, y Baudelaire. Y a veces el sexo, amantes que se superponen, se funden, se confunden. El beso consentido y el beso robado. El beso que redondea la boca, como la mujer redonda, la luna llena y la cabeza pelona de la muerte.

Son 220 dibujos, y en uno de ellos el autor, se representa a sí mismo, perplejo, con su frente despejada, limitado entre dos figuras de palmas abiertas desde las muñecas, en la angostura de una reducidísima ventana italiana, sin espacio vital, como sus figuras chinas.

Ana Martinez Marín
Historiadora del Arte

Fuente: Federico Castellón, Un lenguaje propio, 2012. Edita Fundación Museo Casa Ibañez

* * * * *

Federico Castellón: “Cuadernos de dibujos y apuntes”

Los primeros trazos, apuntes, anotaciones de un artista, es material valioso para analizar cronológicamente sus obras, comprender y estudiar su trayectoria. Es el primer contacto directo de la idea transcrita al papel, tiene la importancia de lo espontáneo, la frescura de concebir unas imágenes y de ellas hacer una relación entre vida y arte.

En los “cuadernos de dibujos y apuntes” de Federico Castellón, la observación, la memoria visual y el inconsciente se unen para dar paso a los proyectos. En el tiempo material que va desde su concepción a la terminación, el artista indaga en sus personajes, estudia su psicología y la forma de vida, para después representarlos en diversas actitudes: nostálgicas, de soledad, de misterio, actitudes de realismo social, costumbristas y situaciones eróticas. A Castellón no le gusta pintar paisajes solitarios, es hombre de personajes, le preocupa el ser humano con toda su carga social, material y simbólica. Por la mente del artista bullen las ideas y hay que ponerlas en orden y para ello utiliza los primeros trazos. Algunos cobran vida inmediatamente, marcando los ritmos de la obra. En otras ocasiones, va ejecutando una serie de bocetos sucesivos hasta llegar al final.

Los apuntes nos muestran la gran facilidad que tenía para el dibujo. Es ágil y habilidoso, a veces su actitud creadora comienza con trazos clásicos, y luego va desviándose a una fantasía soñada o imaginada, quedando fuera de lo real. Es Castellón hombre de luchas, de rompimientos y de profundas inquietudes. Por tanto, la obra de Federico hay que entenderla desde el sentido amplio del arte, pudiendo abarcar cualquier modo de realización, me refiero a que no se queda en ningún estilo determinado, sus planteamientos artísticos han seguido diferentes formas de expresión: desde las influencias surrealistas de Dalí en su primera época pasando por etapas picasianas y el realismo de las “escuelas regionalistas norteamericanas”, hasta llegar a la década de 1960 donde el artista tiene una expresión de libertad más valiente, incluso macabra. Conoce otros valores nuevos que darían muchas posibilidades de expresión, me estoy refiriendo a su estancia en París.

Observando sus “cuadernos de dibujos y apuntes”, se ve claramente como el autor delimita el proyecto, escribiendo el nombre de los colores y dónde deben de ir. También llama la atención la incidencia constante en los temas de la mujer, presentándola en diferentes situaciones: desde atractiva y tentadora, con los símbolos iconológicos de la manzana y serpiente, en burdeles –los temas eróticos son frecuentes en Castellón- y en temas normales de pareja, trabajadora y situaciones costumbristas.

Federico a veces trabajaba en formatos de carpetas litográficas en un mismo tema, incluyendo de 12 a 20 grabados. “La carpeta China” es una de las más célebres, los primeros apuntes datan de 1945-1946 pero salieron a la luz en 1950. Fueron tomados en Kunning (China) cuando estaba destinado allí por los servicios de publicaciones del ejército. En ella se muestran escenas de la vida cotidiana y de tradiciones del país. Los cuadernos también recogen otros primeros apuntes de la carpeta “Villa Bloundel” un prostíbulo. Haciendo un estudio de ambas vemos como Castellón se mueve en estilos artísticos completamente diferentes. “La carpeta China” corresponde a un diseño más clásico en el dibujo, mientras que la de “Villa Bloundel” está trazada de una manera más subjetiva con toques expresionistas. Y hablando de estilos y carpetas, en la titulada “Autorretratos en símbolos” podemos observar como Castellón evoluciona en una libertad expresiva típica en él en los años de 1960.

Frente a estos estilos de vanguardia, los “cuadernos de dibujos y apuntes” también nos muestran a un artista de dibujo clásico y elegancia en las líneas.

Hay que dejar claro que la estética de Federico Castellón en cualquiera de sus estilos y técnicas, tiene un lenguaje personal, puesto de manifiesto en los primeros trazos. Por consiguiente, a la hora de investigar y ampliar conocimientos sobre este artista nacido en Alhabia (Almería) estos cuadernos señalan las características en que se asienta su obra.

M. Carmen Fernández de Capel Baños

Fuente: Vanguardias de la pintura almeriense y su presencia internacional. 2009. Edita Ayuntamiento de Roquetas de Mar

 
   
 
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