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Cañadas, fragmentos de vida

En líneas generales, en la obra de Luis Cañadas hay una serenidad clásica, un refinamiento en la exposición y ejecución de los temas, que dan cuenta, tanto del formalismo del pintor, como de su sensibilidad poética. De los elementos formales, señalar que su pintura se asienta en el dibujo, pero sin ocupar el acento principal, desarrollándola en una pincelada suelta y fluida. El color tiene un sentido importante en su obra, pero en relación a lo luminoso -como sucede en el Cantón de la primera época, y de quien la Colección lleva un tema de “Chanca”, a tener en cuenta-; y no parece que Cañadas trabaje para impactar a primera vista, de ahí que no lo vea -aunque según épocas embriague el tema de color- como un pintor colorista de alma. En este sentido, pienso que sus trabajos requieren una contemplación atenta, pues si la dimensión poética en su obra es elocuente, no es tan fácil ver la verdadera originalidad que alcanza en las modulaciones cromáticas. En cuanto a las texturas, se readvierte una intuición natural en su incorporación al lienzo, que según épocas serán untuosas o ligeras, pero siempre manejadas con sensualidad y ayudando a integrar la representación.

Los cuadros de Luis Cañadas pertenecientes a la colección de José Manuel Marín se hallan dentro sus temáticas más interesantes, como son los paisajes, el paisaje urbano y el bodegón, y por las fechas a las que pertenecen: 1966 (“La Rambla”), 1966 (“Terraos de Almería”), 1970 (“Barrio de Tetuán”) y 1991 (“Librería con violín”), son representativas de sus diferentes periodos de trabajo. A su vez, los títulos dejan ver que la iconografía del autor guarda estrecha relación con el entorno en que vive, que hasta 1964 es Almería y a partir de esta fecha lo será Castilla, dos realidades de su trayectoria humana a las que dedicará preferentemente su obra.

A estos dos escenarios arraiga su persona y su alma de artista, y con ellos -y una retina excepcional- hará el gran viaje de expresar sensaciones cromáticas y sentimientos de aquello que al mirar se le hace suyo. Y lo hará con el conocimiento de saber que la pintura no es sino un plano lleno de fragmentos de la vida; la vida en la que al subir por una rambla el sol despunta en la lejanía o más tarde se muestra hundido, y el paisajista, conmovido, nos hace partícipe luego de su experiencia. “Todo conduce necesariamente al paisaje”, dijo el pintor alemán Runge. Y Luis Cañadas va hacia él como lugar de encuentro… Y no para expresar sus propias cavilaciones -tal vez por carecer de ego- sino que va más allá, y de ahí que cada uno de nosotros podamos ver en sus pinturas reflejado algo nuestro: alegría, belleza, melancolía… y lo será dependiendo del estado de ánimo que nos acompañe en el momento de ver la obra.

Hemos dicho que las creaciones de Luis Cañadas tienen como fuente de inspiración el entorno del artista, y por tanto no responden a una iconografía casual, como se aprecia en las obras de esta Colección, de las que señalaremos algunos detalles.

Así, “La Rambla” (1966) es un ejemplo de obra que tiende al expresionismo, en la que se huye de la representación mimética de la tierra almeriense, por otro lado, tan al uso entre sus contemporáneos locales en esas fechas. La pincelada es larga y valiente, y los tonos densos de los ocres dorados dominan la composición. Nos parece una obra de su madurez en la que da lección de buen hacer.

El tema “Terraos de Almería” (1966) es una pintura de visión robusta, donde la luz llena todo el espacio pintado. Es representativa del periodo en que los empastes gruesos predominaban en la obra de Cañadas, y un buen ejemplo de aquellos paisajes indalianos que surgían de su paleta y la de Cantón como sueños de tierras deslumbradas por el sol. Es la ciudad y la casa nuestra vistas desde arriba. El lugar donde se espera el frescor de la noche y las historias contadas por los mayores. En el terrado se deshojará el día, y junto a familiares y amigos se celebra la libertad, aunque el espacio se nos antoje pequeño y cerrado. Los terrados son un buen retrato de las culturas de cada pueblo, y que aquí, torpemente se han ido destruyendo junto al derribo de tantos edificios. En este sentido, la obra genera una emoción que va más allá de la estética, por el valor añadido de ser un documento -artístico- de la cultura almeriense, como sucede con las “Chancas” de Miguel Cantón Checa.

La obra “Barrio de Tetuán” (1970) está desarrollada sobre planos cromáticos, en los que predomina la sobriedad en sus tonalidades, y las referencias al objeto se hallan medidas. Es un claro ejemplo del Cañadas que con el paso del tiempo se ha ido alejando de la figuración, y ha llegado a sentir el paisaje como campo de experimentación pictórica. En él, con melancolía e inquietud, aborda el tema de la soledad en la ciudad, afirmando que el paisaje es un género autónomo. Este óleo está dentro del discurso de calidad al que nos tiene acostumbrado este artista de tan larga y brillante trayectoria. De él nos despedimos corroborando que llevaban razón quienes desde sus comienzos lo consideraron un paisajista con tema, y con capacidad para adentrarse en diferentes disciplinas y técnicas, como luego ha demostrado.

Antonia Bocero

Fuente: Vanguardias de la pintura almeriense y su presencia internacional. 2009. Edita Ayuntamiento de Roquetas de Mar


 
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